Para otro día.
En un acto de honestidad con el cartero le confesé que todas las mañanas lo esperaba para contarle noticias. Es que hoy en día los carteros son quienes las necesitan. Están cansados de entregar cartas con las mismas preguntas y respuestas una y otra vez, ahora, tocan a la puerta buscando que uno los sorprenda con alguna historia sacada de la cotidianidad más ordinaria de la vida citadina.
Junto con la honestidad, le conté, que el olor clorado del agua del grifo de la cocina había disminuido y que me seguía entreteniendo con la suavidad de la espuma del jabón para los trastes, ese que había comprado de oferta en el club de precios. Le dije lo contenta que me ponía descubrir productos a buen precio, y que además, se sentían tan bien al tacto.
Me quise reservar la impresión de las manzanas que había adquirido en el mercado. Eso lo guardo para otro día, aún más ordinario.